de 2008

 

Espíritu Santo, ¡ven! 

 


Después de estos cincuenta días en que celebramos la fiesta de la Resurrección del Señor, la Iglesia, recibe la fuerza del Espíritu Santo. El Espíritu que ha sido enviado como consolador y guía de la Iglesia Misionera. Jesús cumple su promesa de enviarnos un Consolador que siempre estará con nosotros.  
Tenemos la urgencia de conocer mejor al Espíritu Santo, invocarlo y dejarnos guiar por Él con docilidad. El Espíritu nos muestra la cercanía de Dios y de Cristo. El hace vivo hoy el Evangelio. Con Él la vida se vuelve fuerte. Renueva todo, da plenitud a todo; bajo su acción el mundo entero se renueva.

El Espíritu da impulso a la Iglesia para continuar anunciando el Evangelio. San Pablo nos dice: “Hay diversos dones, pero un mismo Espíritu; hay diversos servicios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común”. (I Cor. 12, 4-6) 

Él habita en cada rincón. Esta en la historia, esta en la Iglesia; la guía y une a todos los creyentes. Nos conduce hacia la unión con el Esposo, que es Cristo. Con la fuerza del Santo Espíritu, la Esposa que es la Iglesia dice al Señor Jesús: ¡Ven!

¿La Pascua son 50 Días?

 

Sí, son cincuenta días de alegría por la Resurrección del Señor. Es una fecha equivalente a siete semanas, signo de plenitud e imagen de la eternidad que esperamos obtener  con la resurrección de Cristo que es señal de nuestra propia resurrección.

De hecho, el día 50, el domingo de Pentecostés, los discípulos recibieron la plenitud del Espíritu Santo.  Cada día de este tiempo litúrgico es para que, como cristianos celebramos alegres la gloria del Hijo de Dios.

Porque en verdad Jesús es el Cristo. Jesús venció la desesperanza.La oscuridad, la mentira, la desolación, no tienen la última palabra. El sí del Hijo de Dios al proyecto del Padre fue la obediencia amorosa de su vocación hasta la muerte en cruz… Y el sí de Dios Padre para con su Hijo es la Resurrección.

"Si Cristo no hubiera resucitado, vana seria nuestra fe" (I Corintios 15,14).

El Poder de la Oración (Mateo 7;7-11)

“Pidan y se les dará; busquen y hallarán; llamen a la puerta y les abrirán. Porque el que pide, recibe; el que busca, halla, y al que llame a una puerta le abrirán ¿Quién de ustedes da una piedra a su hijo si le pide pan o una culebra si le pide pescado? Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, con mayor razón el Padre celestial, Padre de ustedes, dará cosas buenas a los que las pidan.”

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